
Inteligencia emocional versus Inteligencia ejecutiva
RRHHMAGAZINE 21-10-09
Las organizaciones son complejas. Debido a que no son entes tangibles, requieren de la dirección de personas, cada una de las cuales aporta atributos diferentes a las mismas. Por lo tanto, es de vital importancia seleccionar a las personas idóneas para trabajar dentro de una organización, considerando varios aspectos, entre ellas se encuentran las características de la personalidad.
Sin embargo, no siempre resulta fácil, puesto que existen infinidad de métodos, técnicas y estrategias a la hora de seleccionar personal.
Si bien es cierto que existen puestos que pueden ser desempeñados sin ningún problema por cualquier persona, porque las características de la personalidad no resultan significativas, existen otros puestos que sí requieren de una selección minuciosa, ya que un error puede resultar sumamente costoso para la organización.
Uno de los puestos que resulta realmente difícil de cubrir a la hora de seleccionar entre un número de aspirantes determinado es el de gerente o el de ejecutivo. No es que las personas encargadas de seleccionar no sean conscientes de esto, sino que la dificultad radica en emplear la técnica adecuada para conseguir la información que se requiere.
En la actualidad, es común escuchar una gran cantidad de estrategias para contratar personal de manera efectiva. Todas éstas claman por su superioridad. Dos de las técnicas más recientes son la de Inteligencia Emocional y la de la inteligencia ejecutiva.
La importancia de la inteligencia emocional destaca por el empleo de la parte emotiva de la persona. Señala que un individuo es mejor en su trabajo, con un mayor rendimiento y con una mejor productividad, si emplea su parte emocional y no únicamente su parte racional.
Por otra parte, la inteligencia ejecutiva se ha creado recientemente. En el libro “Inteligencia Ejecutiva” de Justin Menkes, ésta es definida como una serie de habilidades permanentes e interrelacionadas que constituyen la base de la conducta ejecutiva inteligente, e influyen en cada aspecto de la adopción de decisiones dentro del ámbito profesional. Determinan así el éxito en los tres contextos laborales más importantes: la ejecución de las tareas, el trabajo con y a través de otras personas, y la evaluación/adaptación de uno mismo.
La inteligencia ejecutiva se proclama como una técnica superior a la hora de contratar personal, incluso por encima de la inteligencia emocional y de la entrevista sobre la conducta pasada.
Sin embargo, aunque existe información abundante al respecto de ambos temas, el propósito del presente escrito no versa en transmitir los conocimientos o los fundamentos teóricos. Más bien, tiene el propósito de invitar a la reflexión.
Cuando se pretenda contratar personal y se desee emplear una técnica, es natural que el conocimiento de muchas pueda facilitar el trabajo. Sin embargo, una cosa es la teoría y otra es la práctica. Lo que a unos puede darles resultado, a otros puede resultarles entorpecedor.
Por ello, es preciso el análisis de ambas técnicas para determinar cuál es la mejor y así emplear una de ellas; cada una por separado, o realizando una fusión de las dos, en su defecto. Después de todo, las técnicas son creadas para acoplarse al estilo personal de cada uno, ya que son guías a seguir, pero de ninguna forma son inflexibles o rígidas, sino simplemente son estrategias, sugerencias.
Por todo lo anterior es que le pregunto: ¿cuál es la mejor de ambas técnicas? Esa pregunta sólo puede ser contestada por usted, de acuerdo a su experiencia y a su estilo propio de selección de personal.
Por Eric José Gamboa Ruiz







